Dicen que soy muy influenciable... bueno, al menos en la parte musical me sirve de harto. Si así no fuera, no podría recibir nuevas ideas e integrarlas, como tampoco podría descubrir el sabor de un canto desconocido. Así me sucedió hace bastante poco cuando en la casa de mi polola escuchaban a Sabina... "Es que me cuesta tragarme a este gallo"- sentencié prejuicioso. Y el cuento es que tras tardes completas decoradas con su rasposa garganta pude valorar el sentido de su música.

Desagradable, franco, directo e insoportablemente asertivo, descubrí mi propio lado "B" de cantautor (muchas comillas entre esa palabra). Esas letras crudas que lanza al aire tal como se le vinieron a la mente, obviando todo eufemismo... si al fin y al cabo es ESO y no otra cosa lo que quería decir.

Recuerdo que cuando comencé a dármelas de escritor (nuevamente las comillas) procuraba complacer al oyente... que no es malo... pero fatal cuando TU quieres ser lo mas cabrón que se pueda ser, escabulléndose de esa mamonería que te invita a ser un "Chico Rojo"...

Y la verdad que ellos- los niñitos de Rojo- quieren vomitar honestidad... se les nota. Pero tienen a un hábil productor diciéndoles "uuh, no te metas con eso... puede bajar el peolpe metter"

En fin si solo se trata es escribir, y de escribir harto, sin pudores ni tapujos, porque un servidor confiesa haberse medido en comentarios y en acciones cuando lo correcto SIEMPRE ha sido hacer lo que el corazón te dicte... Generosamente eso si! Tampoco tan hijoputa... si mi libertad termina cuando empieza la del otro.

Si señor... si lo intentó, pero no pudo... Alguien podrá? o seguirá siendo tan asquerosamente subjetivo que nadie se atreva a intentarlo? Sabina lo intento... intentó hacer la canción mas hermosa del mundo...

Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,

un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, un strato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,

mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.

Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante,

al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes,
dando clases en una academia de cantos de cisne,
con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?

Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.